Escribir es mi trabajo

Hoy he escrito una entrada muy especial en Libros Prohibidos. Es especial porque no es el tipo de posts que suele publicarse en esta web (no solemos tener ningún apartado de opinión), pero sobre todo lo es por la temática. Se trata de una denuncia contra aquellas webs de descargas ilegales de libros (y quienes las legitiman publicitándolas) y, también, de una reivindicación del trabajo de escritor.

Esta entrada se suma a la iniciativa #EscribirEsMiTrabajo iniciada por una serie de blogs especializados en escritura.

«Es cierto que suelo consolar a los autores con los que trabajo diciéndoles que lo que a ellos les interesa es tener lectores, independientemente de si pagan o no (si ganan lectores, es posible que en el futuro se conviertan en fieles y empiecen a valorar la obra como es debido). Pero de resignarse a la existencia de la piratería, a aguantar que exista gente que la promueva, hay un mundo».

Todo surgió a raíz de un post escrito en la web de un tipo bastante importante en el mundo del marketing online. La idea era no mencionarle directamente ni enlazarle, ya que, por asombroso que parezca, esa es su intención. De modo que le he criticado por encima (de verdad que su post ofrece bastante poco y él carece de la más mínima pizca de ética) y he pasado a contar por qué es importante respetar el trabajo de los escritores.

«Si empezamos a no valorar el trabajo de la gente común, llegará un momento en el que sea lícito que el trabajo de TODOS también se vea afectado por esta forma de pensar. Si normalizamos piratear la labor de otros, será normalizado, incluso bien visto, que nos pirateen a nosotros».

En fin, se trata de un post de 1040 palabras, por lo que no me enrollo más y os dejo por aquí el enlace: Escribir es mi trabajo. Si os interesa el tema (que debería) y queréis apoyar esta iniciativa (que deberíais también), pasaros por Twitter y entrad en el hashtag antes mencionado: #EscribirEsMiTrabajo. Gracias.

Deja un comentario

Proudly powered by WordPress | Theme: Baskerville 2 by Anders Noren.

Up ↑