Las críticas de la semana: Mekronos y La extravagancia

Esta semana he publicado dos críticas en Libros Prohibidos. Suele ser lo normal, aunque últimamente he venido publicando tres e incluso cuatro por semana. Mucho mejor solo con dos: La extravagancia y Mekronos.

Empezamos con la primera de ellas, publicada el miércoles 5. Mekronos es una historia situada en Madrid que mezcla ciencia ficción y fantasía, lo que se viene conociendo como ficción fantástica. Su planteamiento me pareció más que interesante, lo que sumado al mundo que la autora había sido capaz de crear (una especie de mundo virtual en internet tan basto como el real), la convertía en una obra que podría encontrarse entre mis predilectas. Sin embargo, una idea tan ambiciosa tenía una serie de riesgos que hicieron que no terminase de estar bien ejecutada.

“Este triple mortal con pirueta y sin red narrativo, claro, tiene sus riesgos. El primero de ellos (y creo que el más importante) es transmitir toda esta información al lector sin que ello afecte al correcto discurrir de la historia. La autora lo sabe y se muestra preocupada desde el principio en tratar de ocultar los entresijos de Aicran (nombre de esta red virtual) e ir mostrándolos poco a poco. Sin embargo, es tal la complejidad de todo este mundo, son tantos los nombres y conceptos que hay que comprender (Aicran, Rea, Eden, Rosemary…) que resulta imposible no hacerse un lío. Ni siquiera el glosario del final sirve de demasiada ayuda”.

La segunda obra, publicada hoy mismo (jueves 6) es La extravagancia. Esta obra de narrativa tiene aires de falso documental, o mejor, dicho de falsa biografía. Trata de los últimos años de vida de dos personajes ficticios que crearon un extraño movimiento literario llamado el extravagantismo. Muy difícil seguir hablando de ella sin arruinar el argumento.

“Esta no estructura desarrollada a lo largo de la obra resulta de lo más divertido e interesante al principio, pero no tardamos en toparnos con un inconveniente inesperado: lo insoportable de sus dos protagonistas. Dice el texto de contraportada de la obra que tiene “cierta estética naíf”, pero ya os digo yo que no, que es ABSOLUTAMENTE NAÍF. Los protas aprovechan que se quedan desnudos a solas para montar puzles y ver el Cinexin (follar no, que cansa y da como asquito)”.

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